ConchudaS Vol. 6
Prólogo
Bienvenidos a este nuevo volumen de ConchudaS, a este aquelarre de Escritoras Kamikazes Surrealistas Latinoamericanas que conforman esta antología.
Todas Ellas independientes algunas siendo publicadas por primera vez, otras ya premiadas y consagradas y ahora editadas por Alterarte-S-tudios para ser mega difundidas en medios de transporte y todo el país, llegando de distintas formas a otros países donde ya las convierte en un movimiento, en un grito aguerrido de la mujer de estos tiempos.
En este caso quiero presentarles a:
Poly Riot – Gisela Deferrari - Eli Quezada (R. Dominicana) - Diana Morales (Guatemala) - Constanza Lagos - Carolina Villa - Ema Amado Bustos
Con las ilustraciones de: Laura Barrientos Lowey
Buen viaje.
Gaston Hache Almada
Poly Riot
Kick your bones until they crack
Gabriel cruzo Plaza Miserere y subió al tren del último andén. Todos salían del trabajo a esa hora, consiguió asiento pero la gente subía desesperada buscando donde apoyarse, parecían animales muertos de hambre y el calor asfixiaba. Por su ventana se veía a las palomas, cada vez más obesas, peleándose por un pedazo de pancho que se le había caído a una mina minutos atrás.
A pocos minutos que el tren saliera, se subió un tipo pidiendo, contando que tenía sida y mostrando los remedios que el gobierno le regala colgados en el cuello. Todos los días lo mismo, el regalo estatal de sobrevivir y no darte ni una pista de lo que es vivir. Y de última la limosna también es un regalo gubernamental a los buenos ciudadanos, no sentirse tan mierda calentándose el culo en la estufa si se dono un par de medias en la colecta anual de Caritas.
Gabriel pensaba todo esto mientras le miraba las tetas a una mina muy linda que se había sentado en el asiento enfrente, y mientras trataba de concentrarse a la vez en su libro. Demasiado en la cabeza. Pero por lo menos no tenía que manejar, es una de las ventajas de ser lo suficientemente pobre como para no tener auto pero tener lo suficiente para pagar un boleto viendo lindas tetas y regalando monedas a quienes las piden. Demasiado ahí afuera. Al lado se le había parado un pibe con uno de esos celulares que reproducen mp3. Y no solo eso, sino que los re-producen para todos, en este caso para quienes estaban en ese vagón y especialmente para Gabriel que tenía el oído a la altura del aparatito que no paraba de escupir flatulencias musicales. Cuando el era adolescente no existía eso, el último invento había sido un rescate retro: la democracia y las cuentas pendientes traducidas en la inflación que hacía imposible comprar cualquier artefacto, mucho más difícil algún disco de esos que le gustaban. No tenía nada en contra del rock nacional, pero la reciente guerra y el pecho inflado del patriotismo habían terminado con sus ganas de escuchar Seru Giran, Almendra y algunas bandas de pop que resultaban nuevas por esa época. Gracias a Sumo se había enterado de Joy Division y se sabe que el virus británico es contagioso para cualquier argentino con cierta sensibilidad y esa idea heredada de que lo europeo es mejor. Nadie en el bachillerato coleccionaba esos EP’s y LP’s que a él le rompían la cabeza, los más inteligentes adoraban a Pink Floyd. Y no es que el no, sino que el europeísmo que el amaba estaba lejos de la música épica de conservatorio, sino que era el del resultado de la represión de Tatcher, del “no futuro” juvenil y los hierritos de los tirantes raspando los brazos ajenos en pogos, bastante más violentos que los locales porque los pocos acordes se repetían freneticamente y toda elegancia mod había quedado hipnotizada en medio de la violencia. Habían pasado dos décadas de ese primer amor, de los primeros borcegos (que de cualquier manera ya no usaba) y de una scooter que se veía tan lejana como Inglaterra. Ahora era tan fácil conseguir de esos discos, se los podía bajar con cualquier computadora o buscarlos en disquerías entendidas sin que nadie te mirara como si fueras un traidor a tu generación patria. De repente había un grupo de jóvenes que se sentían barra bravas ingleses y decían sufrir de las fuerzas de seguridad. Había una punta de donde agarrarse. “Inclusive cuando un pelotudo te taladra la cabeza con esta mierda mientras intentas leer un libro tranquilo en el tren” pensó Gabriel con rabia.
Pensar esto era también pensar que los militares ganaron, y supongo que también Inglaterra, la de los reyes y la música beat para que la reina sacuda sus joyas. La democracia ganó, con su libertad para no vivir. Y el colegio, los maestros. Ganó el SIDA y los restos de cocaína que le quedaban en el bolsillo. Pero más que nadie ganó ella, con sus sonrisa descuartizada y la cara flaca, que le dijo que no cuando él le había repetido mil veces que sí y así estaba ahora, en su lugar cómodo de quejas, odiando a gente que no conocía y con la que compartía el espacio: toda esa mugre en el tren, el jefe, la mina de las tetas que ni lo miraba, los amigos en el bar, el chico con el celular, el tipo que le vendía… Y Gabriel, con ese libro y ese aire de superioridad, con esa excéntrica manera de andar por la vida busca sensibilidad cuando no había nada más frío que su forma de pensar. La idea sería estar con ella, claro, crear su propio Londres en el medio de tanta mediocridad. Pensaba, pensaba y a Gabriel se le llenaban los ojos de lágrimas y el puño de rabia. El puño de rabia. Los ojos, los ojos, los ojos tan llenos que se desparramaban por todo el vagón. Juguito ocular y pedazos de retina, llorar sin pestañas ni parpados porque todo se había olvidado. Los ojos, el puño, la rabia. El puño, las lágrimas. Los militares, sus padres, los discos, la represión que no había vivido, la vida que se había inventado.
Cuando bajo en Paso del Rey, haciéndose lugar entre la multitud y la transpiración de los que vuelven de trabajar, el chico del celular ocupo su lugar y Gabriel pudo ver como la chica de las tetas lo miraba haciéndose la puta. El puño lleno de rabia, bajar de ese infierno. Guardar el libro en el morral, caminar hacía su casa. Las cámaras de seguridad que puso la municipalidad allá arriba, vigilando desde el poste como sus ojos vacíos, igual de inútiles.
La madre en la casa, los ojos, y la garganta seca. – ¿Estas bien, hijo? Y la misma soberbia en la mirada, qué entenderá ella, la única que se queda a su lado que es estar bien. Ir hasta la pieza, cerrar la puerta, prender el aire acondicionado, poner un disco y olvidarse de todo lo demás. Londres estaba más cerca y Buenos Aires era él, los dos jodidos ojos mirando más allá porque el más acá era la enésima mujer en abandonarlo. Los ojos, el puño y la niebla, con esas miradas frías inglesas y los edificios que ya se caen de tanta humedad.
Gisela Deferrari
Mañana sí será otro día…
Hace dos días que no puedo salir de mi cama. Duermo de a ratitos. Al despertar, veo todo igual: el ruido del ventilador de la estufa. La habitación sucia y dejada.
Ropas tiradas a montones, los cajones del placard abiertos de par en par; pelillos en el suelo, puchos consumidos en una latita improvisada en ceniza; boletos de colectivos, monedas, platos de comida, caca de las gatas devenida en fósil; CDs, el tacho de basura gordo y por explotar; en la cima del mismo, forros enroscados. Toallas femeninas y tampones usados tirados al rincón de la habitación, Infinidad de olores.
Estoy enferma lo sé. Si mi madre viniera de visita horrorizaría, la puedo imaginar con su rostro de poquísimo orgullo. La escucho en mi cabeza, cada vez que abro los ojos, decir: ¿Qué hice mal? Yo no me merezco esto, ¿Qué hice? Vuelvo a cerrarlos. Duermo otro rato. Me despierto. Me siento mal.
Consigo destaparme, tengo calor, pero hace frío; siento hormigueo en el cuerpo. Pienso, voy a vomitar, me levanto corriendo desnuda, mis pechos se erizan consumiendo todo el frío, mi pelvis esta mojada, otra vez olvidé cambiarme el tampón. ¡Mierda! Sigo corriendo camino al baño, las gatas me siguen maullando, tienen hambre, es evidente.
No llego, pienso. Consigo hacer un salto ornamental, el vomito sale, pero sin pedirme permiso. Las manos me sudan, el pelo se mancha, una gota rebota en el agua del inodoro y cae en mi ojo izquierdo; ¡que asco!. Terminé, al fin, aún siento el corazón latiendo fuerte, la piel erizada, las tetas sostenidas por la tapa del inodoro.
Estoy transpirando pero tengo frío, pura contradicción mi vida, siempre pensando. Decido recomponerme, despacito me pongo erecta, me mareo rotundamente, pero no me hago caso. Estoy sola en casa, tengo que seguir. Ahora que largué todo tengo que sentirme mejor, pero no. Así que decido quedarme de visita en el baño unos minutos más.
Nada sale, ni entra, ni cambia. Con lo cual me dirijo a la habitación. Hermosa habitación. –Uno puede saber muchas cosas de la gente con solo mirar su cuarto- la escucho otra vez a mi madre, pidiéndome un poco de orden. Hay quienes dicen que la habitación es el reflejo de uno mismo, de su estado de ánimo y de mases. Que trágico pensar esto justo ahora. Me ahonda un sentimiento de arduo patetismo.
Me divierte pensar que soy una artista y que estos altibajos son los que luego me permiten crear. Ahora sí, todo tiene muchísimo mas sentido. Sabía que mi súper sensibilidad algún fruto debía tener. ¡PUF! Si que Soy Feliz. Decido ordenar igual porque tengo que escribir y leer y no puedo en mi propia mugre. Pero me agarra sueño, mucho, demasiado, es evidente que aún no me siento bien.
Duermo otro poco, me despierto, corro al baño, las tetas y los cabellos rebotan en un sincro perfecto con cada movimiento, me duelen, esta vez no llegué.
El piso del distribuidor y el pasillo empapelado de color naranja y para darle el último toque las gatas se lo tragan desenfrenadas, con desesperación, trato de evitarlo pero es en vano; tenían mucha hambre y de todas formas el vomito no esta tan batido, aún se pueden ver algunos restos sólidos…
No puedo ser tan estúpida, debería haber anticipado esto. Ahora no sólo tendría que limpiar el baño, sino el piso, y ni hablar de hacerle la comida a las gatas, arroz con pollo y mendicrim para las in flatulentas. Mientras yo me conformo con lo que sobre de ellas, pienso, a medida que mi estomago hace sus movimientos para seguir sacándolo todo.
Mala jugada de mi cuerpo. El parece tener autonomía propia y yo que pensaba que lo único que no podía manejar eran mis sentimientos. Consigo un trapo con lavandina y limpio, así no más, después limpiaría a fondo, por el momento no me daba el estado. Vuelvo a la cama, esta vez con un balde por si las moscas. No puedo dormir. Y claro, después de dormir dos días seguidos, me iba a resultar un poquito difícil conciliar el sueño.
Decido tocarme un rato. Me siento tan sola, ni un hombre al que llamar a estas horas para hacer cucharita con una convaleciente. Me conformo con hacerme el amor con las manos. Éxtasis. Pienso en momentos con él... Qué bien que garchábamos, éramos dos animalitos jugando a hacernos daño.
Uh! Que perversa que soy, renace el pensamiento patético hacia mí. ¡Por qué no podía gustarme alguno bueno! Sólo los que sienten mucho. Aquellos con problemas, los inseguros, los que sólo se sienten contenidos en un ambiente de lucha, de pelea, de confrontación. ¡Como yo!
Como me gustan esos, me vuelven loca. ¡Basta! Ya no quiero pensar más. ¡Me hace mal! Realmente me doy vergüenza. Una vez llegado el punto decido otra vez creer que los elijo así para después poder escribir sobre ellos, entonces me permito bajarlos a la tierra de cualquier situación que vuele por mi mente y plasmarla: los visto de muñecas. Los hago sodomizarse entre ellos hasta llegue a depilarlos e incrustarles objetos en los orificios mientras cantan alguna canción de cuna. Me resultaba tan divertido imaginar sus rostros pasmados ante tanto poder. Creía poder moverlos a mi voluntad tan solo con un pestañeo para luego reír desaforadamente excitadamente y… volver a dormir sola.
La noche paso entre vómitos y pensamientos existenciales, perdí la total noción temporal de los sucesos, soñaba con ellos y sus venganzas y luego despertaba colapsada en aroma y malestar, pero ya era de noche, y otro sueño superponía mi conducta. Luego devino el día. Hoy sí limpiaría y haría todo cuanto me propuse. Me levanté y comí algo. Sonó el teléfono. Y el día pasó, durmiendo y con dolores estomacales fuertes. Otro día perdido, algo leí y escribí, pero no bastaba. La limpieza otra vez era pospuesta para el día siguiente.
La noche calló de golpe entre un sueño y el otro. Me levanté y cuando me pare de la cama, encontré sin querer el espejo. Sinceramente me veía horrible y no tenia ganas de mirar, de verme. Era una realidad cruda, fuerte y dolorosa. De mi pelvis asomaban como queriendo salir rulos largos que como mínimo debían medir dos centímetros. Los vi cuando me percate, que aun estaba demasiado sucia. Ya no estaba mojada pero la sangre estaba seca y estiraba mi piel lastimándome, haciendo tirar de los pelos y me causaba picazón. Comencé a rascarme frenéticamente, mientras me seguía mirando al espejo inmutada.
¿Por qué salen pelos donde uno se la pasa constantemente sacándoselos? El solo verlos me hacían sentir dejada, a pesar, de que por motus propio había decidido evitar el encontronazo fortuito con la cera depiladora hacia ya, mucho tiempo. ¡es una tortura china!
Bronca me daba ver con tanta claridad aflorar la pura contradicción.
Pero el espejo seguía ahí. Y ahora no solo estaba dolorida y sucia sino que un sentimiento repulsivo hacia mi cuerpo no me dejaba dejar de observarme. Tenía la panza inflada, tanto que parecía embarazada. De espalda unos imperceptibles pero reales ¡POSOS! Se estaban apoderando de mi culo. No lo podía creer. En la cara, granos.
En un momento pensé en romper de una buena puta vez el espejo, pero después dude y ya no lo hice. Pero al menos lo di vuelta, así no tenia que sufrir tanto, después de todo era solo un malestar.
Camine hacia la cocina y prendí el horno, hacia frio e hice de comer a las gatas, luego me acosté a leer, pero no podía, necesitaba hablar con alguien… “Todo el tiempo tenés que estar rodeada de gente para ser feliz, porque no podes con tu propia soledad”- me retaba a mí misma.
Ojee el celular a ver a quién podía llamar, un hombre ¡obvio! Ninguno de los que figuraba podía hacerme sentir satisfecha, que digo me miento al pedo. Sólo quiero a él. Estoy obsesionada. Llamar, send.
¿Qué hago?... Me prometí no llamarlo jamás”
“¡Que estúpida!”, siempre igual, un poco de orgullo carajo!
Pero luego dije: que importa! Yo sé lo que soy, por qué hay que ser orgulloso, si se come cualquiera problema de él.
Pero no, porque después no podes hacerte cargo cuando se come cualquiera!
¡Callate! Ya no me importa. Llamar, send. El contestador directo. ¡Qué fiasco! La adrenalina me caminaba por el cuerpo, estaba empapada, me sentía hermosa.
Sonó el teléfono. Era mi madre para decirme que llamaron al médico porque resulta que se intoxicaron todos con el asado del viernes. ¡Mierda!- pensé, ahora todo tenía mucho más sentido, lejos de una jugarreta de mi cuerpo habría sino el idiota de mi tío que cocino un asado en mal estado. Me dijo que no comiera nada salvo arroz con calabaza. Tarde, muy tarde…
Llamo a Sofi y no atiende, debe estar trabajando. ¿Qué hora es? Las tres de la mañana, me fumo un pucho y me duermo, me fumo un pucho y me duermo, me fumo un pucho y me duermo. Mañana sí, mañana sí será otro día…
Eli Quezada
Cuando la soledad amanece borracha de orgasmos en plenilunios.
Lo vacío de la nada prende efusión artificial de mil estampas.
Es que de cuando en vez dejo en el tintero la angustia vestida
y alborotada de negro; con la recurrente excusa de –dos copas de vino tinto ¡quizás cuatro!
Para conjugar el verbo que no es amar sino el que -ya sabe-.
Ante una membrana aterida de exiguo afecto a los roces vagos
o de breve espacio de tiempo.
Soy hembra de lapsos de amores viejos
y brincar las tablitas a escondidas con siete velos que me arropen,
sin ser musulmana, no es mi estilo.
La soledad amanece borracha de orgasmos de plenilunios.
En mutación pródiga de sangre y carne…
nada de lo espiritual cuenta
sólo aullar como loba en celo,
so pena descubrir las caretas
y el deseo encajado en la garganta muda,
mientras que los colmillos penetran hasta el pensamiento.
Como sicario abstracto…el dolor. Vida, muerte y entre ellas el dolor… se mece la espera en reloj de arena que nada entre el filo que se desangra, para que los cuervos se adueñen de la casa. El dolor es navaja que se agita cuerpo adentro. El dolor es vidrio filoso incrustándose en la piel desnuda; es masaje sado-masoquista sin permiso ni reglas; pesadilla anunciada en crónicas de emergencias. Es un pelele de mil alfileres sutiles… es payaso de mueca simulada y juego lóbrego. Es una, dos, tres cajas de pastillas que lo adormecen; más no lo acaban. El dolor es como un rayo rojo que te parte en dos pedazos y te lanza al infierno. El dolor es negro y escurridizo; es un relámpago sin luz…una noche sin luna…un domingo sin sol. El dolor es un colado en la fiesta… un mal-educado que llega sin llamar. El dolor se viste de brillantes y se cree profeta en la tierra…es dueño de todo y nada. El dolor se esconde entre los huesos y sale sin pre-avisos. Es un ladrón de la vida. Empleado de la muerte… toca la puerta…insiste en que le abran, se adueña de tu casa-cuerpo: te pincha, te absorbe; te colma, te empapa… El dolor como sicario abstracto es muerte disfrazada de esperas.
Diana Morales
Segundos
I
No pido la voz del cañón en las pesadillas de una sábana.
Solo es el silencio en el ojo de alcanfor.
Mi boca dormida.
II
El mantel se elevó en la primera cuerda que el espiral de su garganta derramó sobre la multitud.
No hay más latidos de miel y hoy había demasiada gente atravesando mis huesos como vías de tren accionadas al rubor del ocaso.
Tembló el violín y todos presenciamos el derrame cerebral del tiempo.
¿Acaso el sórdido mar solamente era un aullido sin acorde?
III
Uno anda por el apellido del mundo en medio del trémulo sol, que mi lado reciclado suele llamar territorio.
Viernes
Mi piel transita por valles de espuma y taberna de cebada/soy del dedo al pie un acto estelar sin astro.
La madera besa el hábitat de mis huellas digitales/mientras abrazo un sorbo de un blues y tras la puerta dejo la escopeta con su baba de pólvora urbana.
Apenas recuerdo al amor/mas éste no se olvida de mi/pues/conociendo mi sombra tras la cuerda/sabe que siempre le haré una canción.
Constanza lagos
Ese cuerpo:
Mi cuerpo tirado al borde del camino
mi cuerpo que canta solo bajo la ducha
mi cuerpo que se viste para quedarse callado
mi cuerpo que se aburre con tu cuerpo
mi cuerpo que le sonríe a las flores
mi cuerpo que ahí va entre las nubes
el que cuando triste marcha hacia el ataúd
el cuerpo sentado en el colectivo con otro cuerpo
el cuerpo que fue abandonado
mi cuerpo abrazado
mi cuerpo desabrazado
mi cuerpo que aprendió a callarse la boca para que la maestra hable
mi cuerpo que tiembla con otro cuerpo
mi cuerpo que desaparece cuando se apaga la luz
el cuerpo que a veces es oído
el cuerpo que a veces a veces boca
el cuerpo que a veces pies .
mi cuerpo que se ríe a carcajadas del tuyo!
mi cuerpo que no tiene palabras
mi cuerpo al borde de la cama
mi cuerpo sin penas
mi cuerpo sin glorias
mi cuerpo que rueda en la arena
mi cuerpo que le extiende la mano al gerente
mi cuerpo apretado en el ascensor
mi cuerpo que en verano toma sol
mi cuerpo que fue el cuerpo de una muñeca
mi cuerpo que se amo noches incontables con la almohada
mi cuerpo que se va cuando yo vengo.
mi cuerpo que no soy yo.
Carolina Villa
Lunes y así
No hay destino que aguante
No more
Ahora nos espera la ciudad
Y su humor, su humo, su amor
Sus peatones insoportables con fines prácticos
No entienden que siempre van
Si algo aprendí de la peatonalidad
Es a no pensar mientras camino, solo mirar
Caminar, mirar, camirar, mover los pies,
Mirar otra vez
Y a no pedir perdón
No yo, pero no: yo no
Mismo tren diferente vagón por donde
ventanas intrusas el paisaje me ficha
Como si yo no supiera
Se ríe, mi belleza no es digna
Pero ella igual se mira al espejo porque
No sabe gustar
Y qué
Entre lo que puede decirse
Y lo que es
la vida
Muerte
Es la otra
La que no se enseña
pero sigue siendo la misma cosa
y el dolor
la práctica
muero por el dolor
aplico eso y más
Para mí
Y para vos que aún no te sé
Si sos parte del amor, no me importa
No me sirve
Solo siento
Y te siento como una resaca fulminante
Con toda la violencia de las 2 de la tarde
Sin aviso sin demoras sin
Pero no me dejes con la palabra en la boca
Liberala de mi cuerpo
Trabajala y hacela sudar
Que tiemble la oración en tu voz
Que sufra lo que no quiere decir
Porque lo dicho
dicho es
porque lo primero es el verbo
dicen
¿y la acción?
el Sujeto ante todo
enene
¿y la axión?
Retomo las palabras que dejé
en hold años luz atrás
Para olvidarlas mañana
Y nunca entender por qué las dije
Ni por qué no las diré jamás
Si mi carta no te llega mejor todavía
In the end
Nunca supe compartir secretos
Si besos, si manos
Calor y humedad
Que la vejez no me quite
Y los besos duraran para siempre
No me distraigas más
Ahora sí
Te dejo
allí
donde nunca mueren los besos
hasta que vuelvas a callar
y tu silencio supere cualquier palabra
Desvariación IV
Hoy la tierra está en silencio. Guarda secretos. De mi piel, de mi voz.
Un susurro como una brisa dulce se despierta. Levanta una hoja. Luego otra. Luego otra. Y otra más. Y la brisa deviene en tormenta, el susurro en grito colectivo. Ya no hay hoja que se quede quieta. Trabaja el dolor del mundo. Del árbol que la sostiene. Una mujer que va a parir extiende su mano para agarrarla.
La vida
la vida fluye
fluye en un rio de
de nada
y aún nadan esos peces de la memoria
otros flotan y
encallan en las orillas
orillas de desamparo y olvido
dónde están, quiénes son
eso se lo lleva el viento
mejor no preguntar
Alas de gel
Quisiera ser alcohol en gel
y resbalar por tus manos
cual virus enamorado
deslizarme por tus curvas
ya delineadas
por el glorioso hold
ya por el logueo constante
tan eterílico
tan suave y perfumado
y evaporarme perezosamente
y desaparecer
nunca el hombre se persignó
ante angel tan sagrado
achú
amén
Ema Amado Bustos
¡Guarda Lupe!
Los insomnes se encontraban cada noche a
jugar a los novios sin besos ni sexo,
hasta que eran doblegados por el sueño.
Ella, vencida de recuerdos que aún no son experiencia,
solo momentos adrenalínicos de placeres que se niega a olvidar.
Aún la sorprende cuán fuerte pudo latir su corazón,
cuántos ruidos la estremecen en sus pensamientos.
La vida para Ella es una juguetería donde puede correr desnuda,
todavía no encontró el juguete prohibido.
Deja a un lado robots, soldaditos y muñecos Ken
y mira de reojo a los monstruos.
El es un patán, un traficante de amores retirado,
un linyera recostado en la esquina de la pasión.
Sin embargo los años lo han cristianizado en un buen hombre,
aunque sabe que en cualquier momento se puede convertir.
Eso lo hace relacionarse con miedo,
como un animal que caza a su presa para no comerla.
Hoy estos dos pasan otra noche juntos,
otra noche que El piensa en advertirle
lo que ella aún no sabe.
Pero hay tantas cosas que Ella no sabe…
Ella sabe con el truhán que comparte su vino,
ya no es la niña que lo vio hace tanto tiempo,
ya no le tiene miedo, está decidida a enfrentarlo.
Aunque piensa que pudo haber cambiado,
que en realidad sea ese buen tipo que ahora se veía en sus ojos.
Después de tantas noches,
de compartir tantas palabras desnudas de intimidades,
después de tantas veces que se arrancaron sonrisas,
después de tanto filosofar del Todo,
sus manos se rozaron y la piel encendió los ojos de ambos
para encontrarse en lo más cerca que se puede estar de un beso,
pero no…
Cuando no debía decir nada,
la lengua de El, pidió perdón.
Esta noche no.
Y ante los ojos de Ella
que no encontraba explicación… Se confesó.
Todas estas noches
siendo yo el que te observaba durante horas vigilando tu sueño
mientras dormías en el viejo sofá.
Todas estas noches en las que fui el eco de tu silencio.
El ladrón de tus sonrisas en momentos de debilidad.
Todas estas noches que me convertí en sacerdote
para escuchar tus confesiones,
para bendecirte con el vino envenenado de pastillas de sueño,
para inclinarme sobre el altar de tu cuerpo
y predisponerme al rito de las manos
hasta encontrarme con los límites de tu piel.
Todas estas noches que abusé de tu boca
más de lo que hurgué tu cuerpo.
Todas estas noches en que fuiste mía sin saberlo.
Es la razón de que sólo pueda pedirte perdón,
y después de que me des tu cachetazo impotente,
dejarte ir.
Morbo
Mis gemidos desgarran al cielo.
Mi ardor calcina la luna.
Mi vagina derrama lamentos placenteros,
mientras mis impregnados dedos,
torturan mis senos.
Del otro lado mi marido,
sentenciado por el morbo,
apresando su ojo a la cerradura de la puerta,
goza…..Mirándome.
Datos de las Autoras
Poly Riot
Mail:poly.riotpunk@gmail.com
Blog: http://www.teharevomitar.blogspot.com/
Gisela Deferrari
Mail: luzbelita_gise@hotmail.com
Blog: www.enclenquepoesia.blogspot.com
Eli Quezada
Mail: amoresrotos@gmail.com
Blog: http://lunadesalymiel.blogspot.com/
Diana Morales
Mail: dmorales1976@gmail.com
Blog: http://www.nenufaresamarillos.blogspot.com/
Constanza lagos
Mail: constanzalagos@hotmail.com
Blog: www.poemasporaccidente.blogspot.com
Carolina Villa
Mail: carola_vil@hotmail.com
Blog: http://bocadetormentapoesia.blogspot.com
Ema Amado Bustos
Mail: gastonhalmada@hotmail.com
Blog: http://gastonhalmada.blogspot.com/
Dibujos interiores:
Laura Barrientos Lowey
Facebook: http://www.facebook.com/laurabarrientoslowey
Agradecimientos:
A los intrépidos y osados lectores de siempre que se animan a leer escritores con vida, a todos los que les rompo las pelotas y ovariotas cada vez que tengo que preparar alguno de estos libros.
A mis hermanos, a la “Condesa”, a Paco, Pato, Dafne, Tachy, Matias, Hernan, Demian, Jess y a todas las a todas lxs Escritorxs Kamikazes Surrealista que son parte de este proyecto montado en este BurdelAtómicoAmbulante con la misión existencial de incentivar la lectura.
Obras publicadas y a publicar.
Gaston Hache Almada
I- ANGELES Y FANTASMAS
Poesía
II- ENTRE SABANAS
Poesía y cuentos
III- CUANDO CAE LA NOCHE
Poesía y cuentos
IV- LOS PECADOS DEL ÁNGEL
Poesía
V- RAREZAS
Cuentos
VI- ROUGE
Literatura Femenina
VII- JUGUETES
Vol.1- El libro del Cuco
Vol.2- Jarri Pocker y la Piedra de Pasta Base
Literatura Fantástica
VIII- EUTANASIA
Suicidio literario
IX- PENE -XXL-
Vol.1- Mujer sin espinas-Secuencia
Vol.2- Sirenoman
Vol.3- ¿Quien mato a doña Florinda?
Literatura Masculina
X- NO QUIERO MATARTE...PERO SI ME OBLIGAS...
Nouvelle
XI- CAVILACIONES
Ensayos de filosofía, política, religión e inventos
XII- OBSEN Y DADES
Degeneraciones literarias
XIII- AUTOPSIA
Cadáver escrito
MONOS CON NAVAJAS
Novela
LAS DESQUICIADAS AVENTURAS DE MALICIA
Novela
MIS LOLITAS
Novela
Antologías Alterarte-S-tudios
I- CONCHUDAS
Vol.1, 2, 3, 4, 5, 6, 7
II- LA BOMBACHA APRETABA SUS TESTÍCULOS
III- TORTAS... Recetas con Amor.
IV- JUEGO DE MACHOS... Rompedero de culo.
Ediciones Alterarte-S-tudios
I- ANECDOTARIO DE SERES DESMONTABLES
II- MI PRIMER DELITO
III- ORUGA



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